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Traducir catálogo y web para exportar: qué traducir y en qué orden

Traducirlo todo es caro y traducir mal es peor. Qué piezas hay que tener en el idioma del comprador, qué diferencia hay entre traducción comercial y técnica, y cómo se ordena el trabajo por prioridad.

Publicado el 18 de agosto de 2026Actualizado el 15 de septiembre de 2026

Luis Sanz FiguerasLuis Sanz FiguerasFounder de Exporta.ai
Diccionario abierto junto a un portátil sobre un escritorio de madera

No hace falta traducir la empresa entera: hacen falta las tres o cuatro piezas que un comprador necesita para decidir, en el idioma en que él decide. La ficha de producto, las condiciones de venta y la etiqueta van primero; el catálogo completo y la web, después. Y hay una distinción que cuesta dinero ignorar: la traducción comercial vende, la técnica y la regulatoria tienen que ser exactas, y no las hace la misma persona.

Qué traducir primero

El orden de prioridad sale de una pregunta: ¿qué necesita leer un comprador para decidir si le interesas? Todo lo demás puede esperar.

Uno: la ficha de los productos que vas a ofrecer. Una cara por referencia, con foto, especificación, formato, unidad de venta, plazo y un código de pedido. No el catálogo entero: las tres o cuatro referencias con las que entras.

Dos: las condiciones de venta. Precio de referencia con Incoterm y divisa, mínimo de pedido, condiciones de pago y plazo de entrega. Es lo que permite al comprador calcular si le encaja, como está en cómo hacer una oferta de exportación.

Tres: la etiqueta y la información obligatoria, cuando el producto va a consumidor final. Aquí no hay elección: es requisito legal en muchos mercados, y el caso europeo está en etiquetado de alimentos en la Unión Europea.

Cuatro: el correo de presentación y las plantillas de seguimiento.

Cinco: la web, al menos las páginas de producto y la de contacto.

Y al final: el catálogo completo, las notas de prensa y el material corporativo. Son lo que más cuesta traducir y lo que menos decide una primera venta.

Qué tipo de traducción pide cada pieza

pieza
PiezaTipo de traducciónPor qué
Ficha de productoTécnica y sectorialUna especificación mal traducida es una devolución
Lista de ingredientes o composiciónRegulatoriaLos nombres legales de ingredientes y aditivos no se traducen libremente
Etiqueta y advertenciasRegulatoriaContenido obligatorio con formato y menciones fijadas por norma
Condiciones de venta y contratoJurídicaUn matiz cambia una obligación; conviene decir qué versión prevalece
Correo y material comercialComercial y nativaAquí importa que suene bien, no sólo que sea correcto
Web y páginas de productoComercial con criterio de búsquedaLa gente busca con las palabras de su mercado, no con las tuyas traducidas
Manual de instruccionesTécnicaEn producto regulado, el idioma del manual es un requisito legal
Certificados y documentos oficialesJurada, cuando se exijaAlgunos trámites exigen traducción jurada o legalización

Ninguna de estas categorías es un lujo: la diferencia entre una traducción comercial y una regulatoria no es de calidad sino de función, y usar la equivocada es lo que produce rechazos en aduana y reclamaciones de cliente.

Los errores que salen caros

Traducir la lista de ingredientes como si fuera un folleto. Los ingredientes y los aditivos tienen denominación legal en cada idioma. Es una de las causas más frecuentes de que un pedido de alimentación se pare en destino.

Usar traducción automática sin revisión para material técnico. Funciona razonablemente para entender un correo entrante y no para una especificación que el cliente va a usar para comprar.

Traducir el nombre del producto. A veces conviene y a veces destruye la marca. Y en algunos mercados, el nombre traducido literalmente significa algo que no querías.

No adaptar unidades ni formatos. Medidas, pesos, tensión eléctrica, formatos de fecha y separadores decimales. Un precio con la coma donde no toca cambia el importe por mil.

Una web traducida sin pensar en cómo busca la gente. Traducir literalmente los títulos de tus páginas produce textos correctos que nadie busca. Las palabras que usa el mercado no siempre son la traducción de las tuyas.

Y el error de raíz: traducir sin fuente única. Si la especificación de un producto vive en tres documentos distintos, las tres traducciones van a diferir. Una ficha maestra por referencia, de la que salen todas las versiones, resuelve el problema para siempre.

Cómo se organiza para que no se repita el trabajo

Una ficha maestra por producto. Un documento con la denominación, la especificación técnica cerrada, la composición, los datos logísticos y las certificaciones. De ahí salen todas las traducciones, y cuando cambia una fórmula se actualiza en un sitio.

Un glosario propio. Los veinte o treinta términos de tu producto y de tu sector, con su traducción aprobada a cada idioma. Se lo das a quien traduzca y las versiones dejan de contradecirse.

Un solo responsable de aprobar. Idealmente alguien que conozca el producto y el idioma. Si no lo hay dentro, el distribuidor local suele estar encantado de revisar: es material con el que va a vender.

Revisión sobre el arte final, no sobre el documento de texto. Los errores de última hora se ven en la etiqueta maquetada, no en el archivo.

Y prioridad por mercado. Traducir a cuatro idiomas a la vez porque «así ya está» suele ser gastar en tres mercados en los que todavía no vas a entrar. Un idioma completo vale más que cuatro a medias.

Traducción automática: dónde sí y dónde no

Conviene ser honesto con esto, porque la herramienta es muy útil y usarla mal es caro.

Donde funciona bien: entender un correo entrante, redactar un primer borrador que después revisa una persona, traducir documentación interna y hacerse una idea del contenido de una web ajena. Y también para producir volumen que después se revisa: es más rápido corregir que escribir desde cero.

Donde no: la etiqueta, la lista de ingredientes, el manual de un producto regulado, el contrato y cualquier texto que vaya a la aduana o al consumidor final. Ahí un error no es una frase rara, es un pedido parado o una reclamación.

Y el término medio, que es donde está casi todo: material comercial traducido automáticamente y revisado por alguien nativo del sector. Baja mucho el coste sin renunciar a que suene bien.

Una regla sencilla para decidir: si un error en ese texto puede costar dinero o parar mercancía, lo revisa una persona. Si sólo puede costar una impresión menos buena, la revisión puede ser más ligera.

Preguntas frecuentes

¿Traduzco a inglés o al idioma del país?

El inglés funciona en la mayoría de los sectores técnicos y en la primera conversación. El idioma del comprador funciona mejor en todo lo demás, y es obligatorio en el etiquetado de muchos mercados. Si vas en serio con un país, su idioma.

¿Cuánto cuesta traducir un catálogo?

Depende del volumen y del tipo, y varía mucho entre traducción comercial, técnica y jurada. La forma de controlarlo es no traducir el catálogo entero: empezar por las fichas de las referencias con las que entras.

¿Puedo pedirle a mi distribuidor que lo traduzca?

Suele estar dispuesto, porque es material con el que va a vender, y conoce el mercado. Dos cautelas: que la parte regulatoria la valide alguien que responda de ella, y que el resultado sea propiedad tuya y utilizable si esa relación termina.

¿Hay ayudas para esto?

Muchas convocatorias de apoyo a la internacionalización incluyen la traducción y adaptación de material entre los gastos subvencionables. Como todas, exigen solicitarlo antes de incurrir en el gasto: está en ayudas a la internacionalización.

Traducir lo que hace falta, donde hace falta

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